VARIOS Julio 23, 2007
Posted by echezarreta in DERECHO DEL TRABAJO.trackback
Cuando se analizan los problemas propios del empleo se asocia la idea del trabajador enfrentado con un empleador, en carácter de oponentes, a tal punto que se ha llegado a asumir como insuperable una contradicción permanente de intereses entre quién genera un puesto y quién se beneficia ocupándolo
En esa premisa (discutible a esta altura), se ha asentado la denominada “lucha de clases” que debería culminar en una ya poco probable” dictadura del proletariado”.
Los “anarquistas”, que emergieron como la inicial ideología del movimiento obrero, rechazaban toda autoridad, incluso emergente del poder público, razón por la cual desataron la etapa de prohibición que sufrieron las organizaciones sindicales de trabajadores..
La variante comunista que sucedió al anarquismo terminó incorporándose a los sistemas democráticas (como en los casos de Italia y España); pero aspirando a gobiernos absorbentes y totalitarios bajo el convencimiento de beneficiar así al sector obrero.
Así ocurrió en la disuelta URSS y en la persiste Cuba.
Las variantes socialistas derivaron en socialdemocracias que a través del sistema de partidos se alternan y conviven en la mayoría de los casos con otras ideas políticas, respetando las reglas de juego de la democracia, la propiedad privada y la presencia de empresas competitivas en economías de mercado. El ejemplo muy cercano se da en Chile y también en Europa (Alemania, Francia y España entre otros).
El concepto del trabajo en su génesis histórica (como es el título del ensayo del pensador italiano Guido de Ruggiero, Traducción de MH Alberti, Editorial La Pléyade) ha estado concentrado en el despliegue de actividad principalmente física de cada individuo bajo distintos regímenes (esclavitud, feudalismo, mitas, servidumbre y otras variantes).
Afortunadamente, la evolución positiva que dio como resultado el reconocimiento de los derechos sociales como garantía de rango constitucional ha superado esas figuras en los países donde se reconocen los derechos fundamentales de las personas, momento en el cual comienza a tomar entidad el concepto de empresa y de empresario con las modernas formas de organización inteligente.
La organización empresaria ha distribuido en forma más justa los ingresos, ha producido bienes poniéndolos al alcance de mayor cantidad de individuos y ha acercado a la mayoría de los pueblos a través de la tecnología surgida de la colaboración y el trabajo bien administrado.
Así es como en los últimos años las legítimas aspiraciones de dignificar al hombre mediante el trabajo decente aparece como una meta alcanzable y por tanto, exigible.
¿Puede entenderse, entonces, que toda organización empresaria aunque esté encuadrada en la ley sea considerada en pugna con los integrantes de una sociedad determinada?
¿Es perjudicial para la sociedad la existencia de empresas?
Así parece que lo entienden algunas ideologías que se manifiestan fuera del marco legal, sin someter sus controversias a la justicia ni respetar derechos de otros trabajadores a quienes con métodos compulsivos niegan oportunidades de hacerlos valer.
En un muy interesante reportaje publicado en La Nación del 3 de junio de 2007, el periodista Luis Esnal nos hace saber algunos opiniones de Shen Zheng Wu, director del East Asia Law Research Center, sobre el cambio ocurrido en China.
Cuenta Shen que en 1978 el premier chino Deng Xiaoping viajó a Japón y visitó a Japón y visitó, las plantas de Panasonic y Toyota, compañías a las cuales invitó a que se instalaran en China.
Las autoridades de Toyota -explicó Shen- dijeron que no lo harían “… porque no había gente en China que pudiera comprar un auto”. A su vez, el presidente de Panasonic dijo que ellos podrían hacerlo; pero comentó: “¿Cómo voy a invertir en un lugar donde no hay garantías para la propiedad?”
Deng, consciente de la importancia de radicar esas y otras empresas, obtuvo la aprobación al año siguiente de la ley para fijar reglas estables a la inversión extranjera en China..
Es decir- acotó riendo Shen ante el periodista- que en China “… tenemos que agradecer el comienzo de la seguridad jurídica a Panasonic.”
Ningún sistema político actual ha logrado éxitos satisfactorios sin la intervención de organizaciones empresarias, más allá de las diferentes presencias del Estado en la propiedad o en el control de las mismas.
Parece un dato fuera de toda controversia que las distintas sociedades, de cualquier signo político, alcanzan mejores niveles de justicia social y de desarrollo integral cuando se fomenta y respeta el impulso creador del empresario.
A esta altura también parece ocioso limitar el fomento a las pequeñas empresas y denostar en cambio a las grandes organizaciones.
La experiencia nacional y mundial demuestra que la radicación y el desarrollo de grandes empresas favorecen la generación de emprendimientos medianos y pequeños que fácilmente se traducen en un número mucho mayor de empleos que los directamente dependientes de aquéllas.
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