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LA PARADOJA DE LA EFICIENCIA EMPRESARIA Julio 23, 2007

Posted by echezarreta in DERECHO DEL TRABAJO.
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En su etapa histórica inicial, la organización empresaria se limitaba a administrar los factores de la producción de bienes y servicios como un valor agregado que significó, por sí solo, un notable incremento de la eficiencia que se ha reflejado en los resultados cualitativos y cuantitativos.

El avance tecnológico sorprendente alcanzado así, ha ocurrido como consecuencia de esa mayor aptitud para agrupar y concentrar esfuerzos que se potenciaron con el trabajo en equipo.

La paradoja de esta evolución positiva es que obedece a la gestión eficiente y eficaz del factor humano que a través de su propia creatividad ha generado bienes de capital y conocimientos que tienden finalmente a desplazar la utilización de mano de obra con los consiguientes efectos negativos para el conjunto.

La llamada globalización y apertura económica concurrente, han permitido que se concentre en determinados puntos geográficos la franja humana con mayores capacidades para sostener las organizaciones empresarias que hoy pueden denominarse “corporaciones” para señalar el estrato superior en que se ubican.

Esa brecha en la capacidad para sobrevivir y generar crecimiento puede llegar a ser profunda con respecto a las sociedades periféricas (dentro o fuera de un país).

Surge así una masa de desocupados, sin ingresos, “discapacitados” o “minusválidos” en el área del conocimiento, de una manera prácticamente irreversible.

El planeamiento estratégico de las corporaciones no puede dejar de tomar en cuenta que en su relevante carácter de sujetos económicos, sociales y políticos, sus emprendimientos dependerán de aspectos circunstanciales exógenos que condicionarán su éxito de la misma manera en que un pez sólo podrá sobrevivir si es adecuada el agua de la pecera.

No es necesario recalcar la importancia de la política y de la seguridad jurídica, de la salud de la comunidad y de su educación, porque es tan obvia su trascendencia para los empréstitos e inversiones como lo es la capacidad de consumo de una población determinada.

El índice de desempleo podría ser un problema extraño al empresario, si no fuese necesario un mercado en aptitud para consumir, a tal punto que algunos estudiosos han propuesto que artificialmente se asigne capacidad de consumo a los desocupados mediante la vía de subsidios o trabajos en organizaciones no gubernamentales, que a su vez deberán ser sostenidos por impuestos con contradictorios efectos en las empresas y trabajadores activos que resulten ser contribuyentes.

Esa política no puede aceptarse como válida, más allá de lo que se denomina “desempleo friccional”, o sea el que naturalmente transita por una etapa de reubicación sin llegar a un grado patológico social.

Si el desempleo no es reversible por razones estructurales, como sería la falta de capacitación o la pertenencia cautiva a una zona perisférica desfavorable, una mayor carga tributaria a las empresas que estén radicadas en esa jurisdicción tornará cada vez más insalvable el problema porque perderían aptitudes de competencia en su propio mercado interno y en otros países con mejor poder adquisitivo y demanda potencial.

Por tanto, la política no puede quedar sólo en manos de los políticos; como tampoco puede aceptarse que lo malo para la sociedad pueda ser considerado bueno para el éxito de las empresas.

La dirigencia empresaria, que ha sabido obtener excelentes resultados para mejorar la eficiencia de sus unidades de producción o servicios hasta los niveles actuales, conjuntamente con otros actores sociales (que a nivel “macro” tienen la misma índole participativa que los componentes del equipo de trabajo de las propias empresas) deberán seriamente contribuir para preservar la salubridad política, social y económica (el agua de la pecera) que permita la supervivencia de las unidades microeconómicas.

El sector empresario no puede desentenderse, entre otros, de los problemas ambientales, de la seguridad social, de la educación, de la justicia, de la seguridad o de la salud. Por el contrario, debe asumir que en la proyección individual o en las acciones colectivas a través de cámaras o demás entidades representativas, tienen una responsabilidad fundamental para rescatar a la sociedad de la que forman parte, compensándola por las oportunidades de desarrollo y crecimiento que ésta les ha brindado.

Es probable que alguien leyendo esta nota piense: “Qué suerte que yo no estoy metido en este problema”. Los dirigentes empresarios que han innovado en la tecnología y han sido pioneros en creatividad y cambio, ya están, sin embargo, preocupados por este aspecto de su gestión eficaz.

En el marco de las empresas de punta en nuestro país, ya se ha producido en casi todas el máximo de renovación tecnológica y de contracción de personal. Se han agregado técnicas de conducción acordes con las más modernas aplicadas en el mundo.

Pese a ello, es difícil competir con sistemas donde se descuidan la mayoría de las normas del llamado “derecho humanitario”.

Empieza ahora una etapa, especialmente en la República Argentina, en la que los niveles gerenciales deberán volcar todas sus aptitudes para que el buen éxito de sus empresas signifique el desarrollo de un país exitoso, de modo que el adelanto tecnológico, las inversiones y el ajuste se vean traducidos en un incentivo real para que se generen otros puestos de trabajo y se sostenga la capacidad de consumo de la sociedad, la aceptación social y la viabilidad del sistema político, dando lugar a un círculo virtuoso que no transforme la mayor eficiencia empresaria en padecimientos para alguna parte de la sociedad.

Buenos Aires, 25 de marzo de 1999

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